El dinero es como la sangre del organismo social, circula por todas partes, conectando personas, empresas y comunidades. La forma en que decidimos usarlo puede perpetuar una economía que busca maximizar el beneficio individual sin considerar las consecuencias sociales o ambientales, o impulsar una nueva economía fraterna y colaborativa que priorice el cuidado de las personas y el planeta. Como individuos enfrentamos una decisión fundamental: ¿seguimos reproduciendo los patrones del pasado o nos convertimos en co-creadores de un modelo nuevo?
Antes de cada decisión financiera, debemos preguntarnos: ¿A quién sirve mi dinero? Esta pregunta revela una fuerza ética profunda, implica que nos importa el impacto en otras personas y el cuidado de nuestro planeta. Esto es, en esencia, humanizar la economía. La transición hacia una nueva economía está en nuestras manos. Para esto, proponemos llevar conciencia a los 3 usos del dinero: consumo, inversión y donación.